Una nueva vida.
Nunca, que yo recuerde, había estado tan cansada como estas últimas semanas. Prometo que de lo único que tengo ganas es de llegar a casa (generalmente pasadas las cuatro de la madrugada) y dormir lo más intensamente posible, porque me tengo que levantar a las siete. La Expo me está matando.
Hoy, a pesar de ser viernes, he podido salir un poco antes. En la Expo ya no hay ni viernes ni martes... Esto es un estrés absoluto para quienes tenemos alguna responsabilidad -relativa- en algún pabellón. A alguno de mis jóvenes compañeros de trabajo les ha vuelto a salir el acné olvidado.
Mientras el taxi me acercaba a casa, sobre las once de la noche, yo sólo pensaba en dormir. Y, al llegar, me he desvelado. Después de dar mil vueltas en la cama -sin nada de sexo en mi mente... definitivamente estoy vieja-, he decidido entrar al blog y escribir.
Me gusta esta ciudad, a pesar de que apenas la conozco. Me siento absolutamente libre en el anonimato que me proporciona. Quizás sólo esté viviendo el espejismo de la Expo, la fantasía de un mundo irreal, en el que todos están absolutamente entregados a la consecución de un fin voluntarioso... Aún queda algo de fantasía... El desarrollo sostenible...
Estoy sopesando seriamente la posibilidad de pedir a la empresa que me den esta división: Aragón, Navarra, La Rioja y Soria. Sería un cambio muy importante en mi vida. Sería, de alguna manera, una forma de olvidarme del pasado, de pasar página, de empezar una nueva vida...
¿Se puede empezar una nueva vida a los cincuenta y un años?
Creo que voy a intentarlo.






Casiana dijo
Parece que las desveladas, insomnes y perturbadas nos hemos reunido todas en La Coctelera este viernes, bueno, sábado ya.
Se puede, amiga Isabel, se puede y se debe, empezar de cero, tengas la edad que tengas, cuando lo consideres necesario. Lo otro, aguantar el tirón por miedo, por impotencia, por vagancia o por prejuicios, es autoesclavizarte, sentirte muerta en vida. O al menos es como yo lo veo.
30 Agosto 2008 | 02:57 AM