En mis tiempos.
Compartir muchas horas de trabajo y ocio con gente bastante más joven que yo tiene algún que otro inconveniente. Uno de ellos es que, de repente, me encuentro contando batallitas, viejas historias que yo creo interesantes o curiosas, que sucedieron hace mil años pero que para mí parece que ocurrieron ayer mismo.
Me enfado cuando me oigo decir en mis tiempos...
Curiosamente, nadie me corrige. ¿Acaso no son éstos también mis tiempos? A veces da la sensación de que ya no tiene una nada que aportar, y sólo espera que los demás, los jóvenes, vayan empezando a hacer cosas. Lo que ocurre es que cuando empiezan a hacer cosas sensatas, es decir, prudentes, de buen juicio, es porque están empezando a dejar de ser jóvenes.
Se ríen de mí y de mis limitaciones con las nuevas tecnologías. Yo me defiendo alegando que me manejo bastante bien con internet y que lo demás, sencillamente, no me interesa: ni ipods ni artilugios que no me hacen falta. Con la telefonía móvil se me cachondean también porque me ven torpe en su manejo. Aquí tengo una justificación, y es que mi presbicia me obliga a buscar las gafas para poder distinguir quién me llama, y cuando por fin intento contestar, ya es demasiado tarde. Por culpa también de la vista cansada, enviar un sms me resulta complicadísimo, aparte de mi obsesión por la corrección ortográfica. Por descontado, mi agenda es de papel: un bellísimo cuadernillo con tapas de piel que renuevo cada año.
En mis tiempos, cuando llamabas a alguien lo hacías desde casa, o desde el trabajo, o desde una cabina callejera. Si te contestaban la llamada era porque la persona a la que llamabas estaba exactamente en ese lugar al que llamabas.
Recuerdo a la perfección el primer teléfono que instalaron en mi casa. Yo era una cría, y me encantaba hacer como que llamaba, meter mi dedo en aquella rueda que giraba y volvía ella sola a su primitiva posición. "Deja eso, niña, que lo vas a romper". En mis tiempos las cosas se rompían... Ahora nos cambiamos de teléfono móvil simplemente porque han sacado otro modelo más... más... ¿Pijo?
Y tiramos los viejos sin que hayan llegado siquiera a estornudar. Pijos.
Mis compañeros más jóvenes me escuchan, unas veces con interés y otras sin él, mientras sostienen en sus manos los móviles, consultando permanentemente si tienen algún mensaje nuevo e, incluso, enviándose mensajes entre ellos, que están a menos de un metro unos de otros.
Y eso me pone muy nerviosa.




bruxana dijo
Hola Isabel:))
La verdad es que te entiendo muy bien...
Aunque sea más joven de la edad que confiesas tener... igual por mi buena memoria (eso que muchas veces es un problema más que la suerte que ven otros) recuerdo perfectamente tantas cosas...
En mi caso, durante muchísimos años, fuí "la niña" en los sitios donde trabajaba. Lo normal es que me sacasen 10, 15 años... Mi último jefe (durante 14 años) era bastante mayor que mis padres... así que los que le rodeaban tenían muchos años más que yo. Y las cosas que yo hacía/contaba... eran como de "niña". De pronto yo manejaba el móvil ó el fax casi por instinto... y todo el mundo decía lo de "claro, es que los de tu generación"...
Ahora me acerco a los 40. Y me encuentro con la evidencia y la realidad de que, más que posiblemente, las personas con quien tenga que trabajar puedan ser mucho más jóvenes que yo. Ya el año pasado, en un curso del INEM que hice, me encontré con gente más joven que yo. Pero me resultó esperanzador que la persona con quien mejor, con diferencía, congenié... fuese una cría que cumplió por entonces los 21. Y fue entonces cuando ambas supimos qué edades teníamos. Por diferencia de edad, tendría que haberla tenido muy joven para ser su madre... pero no creo que su madre tenga más de 7, 10 años que yo... Esto es: esta chica tiene la edad de ser hija de gran parte de mis amigas, casi todas algo mayores que yo...
Como tú dices, me manejo decentemente por internet y manejo los aparatos... pero no me interesan demasiado. Mi móvil es un "antiguo" V3 que fue un regalo hace dos años y algo... y que empleo para hacer y recibir llamadas, y algún SMS suelto. Sé que sirve para mil cosas más... y a mí me da lo mismo. Tengo dos mp3... y no sé ni dónde están. Creo que ambos tienen alguna hora de uso. Tengo una minicámara de vídeo... que no sé donde guardé. Y no necesito blackberrys: mi agenda es escolar y la llevo en el bolso, con un boli del banco. Y mis otras agendas son de piel y están en casa...
Pero, que me voy del tema: también cuando cuento cosas de mi reciente pasado profesional... hay momentos en que veo en los ojos del interlocutor la mirada de quien oye al "abuelo cebolleta". Porque en mis relatos hay cabinas telefónicas y hay horas en que se estaba ilocalizable, hay máquinas de escribir cuyos errores se corregían con tippex, hay tropezones con los cables del teléfono, y hay canciones que se grababan esperando a que sonasen en la radio, pulsando el botón del cassette...
Y, a ratos, casi a mí me cuesta creer que todo eso pasara apenas hace diez, doce años...;)
Un beso:))
17 Julio 2008 | 12:47 PM