Recorriendo espacios.
Supongo que lo mío es como convivir con un lunar al lado de la nariz. Forma parte de ti, se podría extirpar, pero no te ves sin él. Incluso cuando te lo extirpen, lo echarás de menos.
No hago otra cosa que pensar en él. Resulta ya inevitable. Me deshice de mi lunar hace más de un año, y aún sigo pensando en él.
Da lo mismo.
Cuando termino mi trabajo en la Expo, ahora que ya he tenido tiempo de visitarla toda ella, prefiero regresar a casa. Aquí tengo todas las comodidades, y también la soledad añorada. Mis nuevos amigos (gente muy joven de rincones diversos de España) no quieren darme un momento de respiro, se sienten obligados a agasajarme. Soy la mayor de todos. La más vieja, y con diferencia. También soy su jefa.
Me llevan y me traen. Cenamos de pinchos por Santa Marta y tomamos copas en Cesáreo Alierta. Suelo retirarme la primera, mi edad me lo permite sin mayores compromisos: mañana hay que estar en la Expo a primera hora. Ellos lo entienden y a veces creo que se sienten liberados cuando me voy.
Tomo un taxi hasta Gómez Laguna, donde tengo el piso de alquiler. Me gusta esta ciudad, también en verano.
Sin embargo, creo que emprendí una huida. Cuando me dijeron de venir a Zaragoza no me lo pensé. El AVE nos ha puesto a tiro de piedra, y el billete lo paga la empresa.
La verdad es que ya no sé si quiero recorrer espacios, vivir en sitios diferentes, conocer gente diversa, sólo por miedo a asentarme en un lugar y que todo su recuerdo, el de él, me aplaste sin misericordia.
Y mis huesos ya no están para eso.
Nunca pensé que alguien pudiera leer este blog después de tanto tiempo. Y mucho menos comentar en él.. ¿Cómo decirle a "elcorazóndelmar" cuánto se lo agradezco?



cienciamedica dijo
Interesante historia, aunque las obsesiones suelen causar sufrimiento...
16 Julio 2008 | 10:36 PM