Un punto final.
Hace años, un amigo más imbécil que simpático, solía decir que las mujeres a partir de los cuarenta se ajamonan o se amojaman. Yo me amojamé. Ahora, en el año que cumpliré los cincuenta (en septiembre), he decidido que tengo que engordar aunque sea cinco kilos. Me veo demasiado delgada.
Ya me he acostumbrado a dormir sola. En mi vida sólo dos hombres han compartido cama conmigo. A uno lo amé, aunque no lo deseaba. Al otro lo deseé, y ahora dudo si en algún momento lo llegué a amar. Sólo lo adoraba.
La última vez que nos despedimos fue en enero. Me guiñó un ojo y me prometió que me llamaría. Yo le sonreí diciéndole que, después de lo que había pasado, yo no iba a llamarle. Era como un reto.
Él se había dado cuenta de su terrible error conmigo: se le había olvidado que teníamos una cita. Quería recompensarme: "Yo te llamaré, te lo prometo."
Sus promesas las conozco, por eso le dije: "Bien, me llamas tú. Yo no pienso llamarte. También te lo prometo."
Como una adolescente, con cuarenta y nueve años.
En mi obsesiva ingenuidad pensé que tal vez nos veríamos a los pocos días, en un intento de reconducir una amistad (al menos eso) que se estaba desmoronando. Si ya el amor iba siendo imposible, y lo era, al menos poder seguir mirándonos a los ojos con la misma confianza y complicidad de siempre.
Sin embargo, ahora eso también es imposible. Es que ya no queda nada. Hasta mi obsesión se va diluyendo. Desde el último encuentro, consistente en un par de cafés, han pasado dos meses. Ni una noticia suya desde entonces. Empiezo a sentirme agotada de pensar en él. Y tan poco recompensada.
Pero estoy absolutamente convencida de que esta vez no seré yo quien descuelgue el teléfono para llamarle.
Y lo siento. Precisamente porque ya no soy una adolescente, sé donde hay que poner un punto final. Otra cosa es que lo haga.






Alejandro Eguía Miraglia dijo
No se que estás esperando para levantar ese telefono y llamar.
Porque sino, te vas a quedar con esos sentiemientos en la nevera... por si algún día se le da por regresar, o llamarte en este caso.
Tengo 23 años, ya me enamoré una vez de verdad y me rompieron el corazón, pero con el tiemp uno aprende a dejarlo atrás. Sin embargo, algo que me marcó y me marcará el resto de mi vida es una chica, que me la cruzé a mis 17 años en un lugar. La vi, me vió... y sentí que en esta vida me tenía que pasar algo con ella, pero por un complejo de timidez que siempre tuve con las mujeres (dificilmente soy yo el que da el primer paso), no le dije nada... y se fúe y nunca más la volví a ver. Eso... lo considero el peor error de mi vida.
Por eso hoy... cuando veo a alguien que me gusta, que me interesa... voy y lo digo, prueba... total... que si me mandan a volar... bueno pues ya es otra hitoria. Pero hay que ir y probar.
Por eso, llama... tal vez a él le esté pasando lo mismo que a vos ahora.
Saludos.
11 Marzo 2007 | 08:23 AM