Tres errores.
He cometido ese error que nunca se debería cometer. El de sentirse culpable. Y, peor aún, reconocerlo.
No lo pude evitar. Después de meses sin tener ninguna noticia suya, quise saber de él. No supe cómo hacerlo, y en esta ocasión quería -y necesitaba- algo más que oír su voz.
La Navidad es tiempo adecuado para reconciliaciones. Pero el rencor es siempre nefasto. Y demoledor. Más todavía en Navidad. Porque el rencor nunca conduce a la reconciliación, sino a la venganza.
Y le mandé en Nochebuena un sms autoinculpatorio. Asumiendo mi culpa, reconociendo falsamente que tal vez era yo la responsable de nuestro alejamiento, esperaba su respuesta.
No tardó ni cinco minutos en contestarme: el sms le dolió. Pero no me dio la gana de coger el teléfono.
Un segundo error. Porque a partir de ese momento, la pelota estaba en mi débil tejado.
He cometido ese error que nunca se debería cometer. Y, peor aún, reconocerlo. Sobre todo cuando no es verdad que fuera mi error.
El día de año nuevo decidí enfrentar la situación, y le llamé dispuesta a decirle todo lo que mi corazón había enquistado todos estos meses atrás.
Y fue mi tercer error.


locaporlaluna dijo
Yo marcaría estos 3:
-llamarlo
-llamarlo
-llamarlo
le digas lo que le digas...
cariños, amiga, muy buenas tus reflexiones, puedes ir superando esa obsesión pero no dejar de escribir, eh?
7 Enero 2007 | 04:07 AM