La respuesta del silencio.
Cuando llego a casa no hay nadie a quien decir hola. No me gustan los animales, y saludar a las plantas resulta ridículo. Ayer, como todos los sábados, estuve cenando con un grupo de amigos. La novedad es que ayer acudió también mi ex con su señora. Me lo habían advertido, por si pudiera sentirme incómoda. No, claro que no. Han pasado muchos años, a él le ha ido bien la vida y no creo que, mirando a sus dos hijos, me guarde rencor.
Me surgieron sentimientos que estaban demasiado agazapados en mi inconsciente. Primero: el reconocimiento de que le amé. Mucho. Mucho más de lo que yo misma llegué a creer en su momento. Segundo: el reconocimiento de que me equivoqué.
Sí, creo que me equivoqué cuando cambié un amor estable, tal vez anodino, por un cuerpo joven. Simplemente un cuerpo joven que no me aportaba mucho más. Y, aún así, aunque en aquel momento ya sabía que ese cuerpo joven se apartaría más pronto que tarde de mi lado, opté por él. Como si él me aportara el oxígeno que yo necesitaba para vivir.
Ahora he visto a mi ex, mucho más viejo, barrigudo y con menos pelo, poniéndose unas gafas para leer la carta, contando alegremente sus experiencias laborales y mirándome como lo que es: un viejo amigo. Sin reproches. Y ella, su mujer, casi más guapa que cuando la conocí, aparentando muchos años menos que él.
Mi ex tiene ahora 51 años, y ella no habrá cumplido los 46. Tienen dos hijos, Laura y Sebastián (creo... ¿o es Adrián? No presté demasiada atención). El caso es que él rehizo su vida, y yo, en cambio, la deshice por completo.
Cuando anoche me metí en la cama, la encontré más fría, grande y sola que nunca. Probablemente ahora detestaría su papada y su barriga, pero al llegar a casa podría decir hola y sabría que no me respondería el silencio.


Mar dijo
A las mujeres nos mata el corazón. Mientras que estamos amando nos parece lo mas maravilloso del mundo, y en verdad lo es, pero deespués quedan las cenizas o los escombros de lo q
3 Diciembre 2006 | 08:50 PM