Ya nada.
Hace unos años me preguntaba qué podía esperar de él. Afecto, cariño, amistad, complicidad... Recuerdos. Buenos recuerdos de los buenos momentos vividos.
Desde hace unos meses, cuando me hago la misma pregunta, la respuesta es mucho más clara: Nada. De él no puedo, ni debo, esperar nada. Ya nada.
Hace años supo construir su vida. Y yo estuve a su lado, como un maestro de obras, interpretando sus planos, preparando sus materiales, diseñando sus técnicas de construcción amorosa.
Una vez que su vida estaba construida, supo agradecerlo. Me amó como nunca antes me sentí amada. Fue entonces cuando más disfruté de su cuerpo, cuando pude por fin ver mis enseñanzas reflejadas en sus aprendizajes, cuando me elevé hasta el infinito, creyendo que era feliz.
No diré que la caída fue dura, puesto que no fue repentina. Cuando ya no me necesitaba, no se atrevió a abandonarme. Simplemente fue distanciando, paulatinamente, nuestros encuentros. Cada vez nos veíamos con menos frecuencia. Al principio, quince días me parecían una eternidad.
Ya ven, llevo casi cinco meses sin verle, tres sin hablar con él, sin tener ninguna noticia suya. En lo que llevamos de año, casi once meses, nos hemos visto sólo en tres ocasiones. No habremos hablado más de un par de horas en total. Y, por supuesto, ni siquiera nos hemos rozado físicamente.
Ya sólo quiero su cuerpo. Su cuerpo de cuando era más joven, de cuando me amaba. El de ahora, sinceramente, ya no me interesa.
Mi obsesión se desmorona, porque ya no quiero su presente, sino que añoro su pasado. Y todo eso no sé si me llena o me deja totalmente vacía.





zigzag dijo
Pues me parece que ya todo es historia y el tiempo ha hecho, como siempre, de sentencia. Enhorabuena, bienvenida al mundo de los vivos!!!
Ahora sólo te queda encontrar otro estímulo similar o mayor. Los hay a montones, somos millones de seres humanos, todos sustituíbles.
Fuera el traje de lágrimas y...
27 Noviembre 2006 | 01:44 PM