Relatividad.
Uno de los hechos que más me sorprendió, me desconcertó y, también, me enorgulleció, fue que su novia me llamara por teléfono, un jueves por la noche, para hablar conmigo. Sabía que yo era muy buena amiga de él, y de ninguna manera sospechaba que yo pudiera tener ningún tipo de aventura con su chico, dada mi edad, casi trece años mayor.
Nos hicimos buenas amigas relativas. Es decir, con la relatividad que puede tener que le ocultara que su novio y yo nos acostábamos, por aquellos tiempos, con relativa frecuencia. Si hubiera sabido el contenido de muchos de nuestros encuentros, quizás ella misma los hubiera alentado.
Porque yo le decía a él algunas cosas que él y ella ignoraban, víctimas tal vez tanto de la juventud como de la pasión.
Algunos hombres pensáis, le decía a él, que el éxito del coito reside en una penetración fuerte y rápida, creyendo que de esta manera ella llegará antes al orgasmo.
Yo le aconsejaba que probara distintos ritmos de penetración: suave, lento, a veces profundo, otras introduciendo sólo la mitad del pene, en ocasiones rápido, o con movimientos circulares.
Le pedía que jugara con su pene dentro de ella: arriba, abajo, más adentro, más tiempo, más profundo, más ligero... Si sabes jugar y disfrutar con tu pene jugando y disfrutando dentro de ella, ella también disfrutará de ti.
Porque lo más importante, le recalqué en más de una ocasión, no es que tú disfrutes del sexo con ella, sino que disfrutéis los dos a la vez, porque entonces el disfrute será doble para cada uno.
Relativamente, nunca sentí celos de ella. Incluso sabía que cuando él disfrutaba con su pene dentro de mi vagina, su mente estaba más cerca del corazón de ella que del mío.
Y yo intentaba relativizarlo todo, queriendo convencerme de que ella y yo estábamos en distintos estratos de la misma esfera.


zigzag dijo
Hoy un poco más didáctico, menos friki.
Un beso.
16 Noviembre 2006 | 12:27 PM