Los lunes.
Los lunes son días raros. En mi caso, no me importa que lleguen. Los lunes son una especie de volver a empezar. Nunca he esperado su llamada un lunes. Casi diría que me siento más relajada, porque veo delante de mí tres o cuatro días en los que no debo esperar nada de él, en los que puedo ser yo independiente y libre.
Siempre ha sido así. Rara vez nos veíamos entre semana. Al principio porque yo trabajaba fuera, y sólo volvía a casa el viernes para marcharme nuevamente el domingo por la tarde.
Después porque cada uno llevaba su vida. No voy a decir que no me acordara de él a cada instante de cada día, pero lo hacía con cariño, no con angustia, ni ansiedad, ni con obsesión, mucho menos con frustración. Sabía que la primera llamada que recibía un viernes por la tarde era la suya.
Entonces no existían los teléfonos móviles, ni los identificadores de llamada. Simplemente sonaba el teléfono. Tampoco había tonos. Era el timbrazo habitual.
Sin embargo, yo sabía que era él quien llamaba. Y me preguntaba lo evidente: "¿Ya has llegado?".
Los teléfonos de antes estaban en casa. Si respondía la persona a la que llamabas, era porque estaba en casa.
¿Ya he llegado? Claro, te estoy escuchando. Me estoy envolviendo en tu voz, imagino tus labios húmedos, tu mirada insinuante, tus manos acariciando tu sexo al escucharme decir lo evidente:
"Sí, ya estoy en casa".
¿Vendrás?. Tengo que contarte.
Iré, claro que iré. ¿Qué tienes que contarme?
Ya te contaré.
No recuerdo qué cosas debíamos contarnos porque sin darnos cuenta estábamos desnudos sobre la colchoneta de su pisito-estudio, amándonos con tanta prisa como fogosidad, sabiendo que cada minuto era una vida.
Él debía recoger a su novia sobre las nueve. Yo, como ya había dejado a mi novio, fingía haber quedado con amigas, también a las nueve. En realidad, volvía a mi casa, a mi habitación, a mi cama. Volvía a sus caricias, a sus besos, a sus abrazos, a sus labios, a su sexo. Mi pensamiento volvía a él. Y, yo, era feliz.


Manuel dijo
Nada dura mucho tiempo, todo pasa. Ni lo bueno, ni lo malo. Tampoco las obesiiones.
¿No habrá llegado la hora de otro amante? ¿Otra aventura? ¡Otra vida!
:)
Un mujer inteligente, elegante, de buen ver... Puede vivir otras cosas además de mirar atrás :)
31 Octubre 2006 | 05:14 PM