Agradezco mucho todos los comentarios, más si cabe por el tono lleno de afecto y respeto. No era mi intención responder a ellos, y no por desconsideración, sino porque lo veía innecesario.
Había concebido el blog como una válvula de escape, un lugar donde contar mis obsesiones y, sinceramente, no esperaba comentarios. Realmente pensaba tener pocas visitas. De hecho, no puse contador hasta que empezaron a producirse más comentarios de los esperados... y me surgió la lógica curiosidad de saber cuántas personas entran a leer esta crónica de una obsesión.
Sin embargo, Argentino y Cacho me reclaman respuestas.
Lo primero, importantísimo: no es mi intención asesinar a nadie ni cortarme las venas. En este sentido quédese todo el mundo tranquilo... Al menos por ahora.
Argentino me habla de una historia parecida a la mía que termina en tragedia, asesinando ella a su amado. No se me había pasado por la cabeza semejante idea. Sin duda la pasión puede llevar a situaciones extremas, y la frustración puede conducir a tomar decisiones violentas. No creo que sea mi caso.
Reconozco tener algún comportamiento adolescente -como lo de la llamada anónima, o la misma selección de imágenes que ilustran los textos-, pero salvo ese episodio aislado estoy en una "estable madurez" que me permite llevar una vida normal, muy rica laboralmente y bastante aceptable socialmente, aunque sea un desastre en el plano amoroso y sexual.
El hecho de estar en esa plena madurez no creo que me impida disfrutar del deleite de los sentidos, como entiendo sugiere Cacho, quien apunta que ese deleite puede tolerarse en adolescentes, pero no en una mujer madura.
¿Y en un hombre maduro? Precisamente son los hombres, varones de más de cuarenta años, los que suelen hablar con precisión del deleite de los sentidos. A estas edades se descubren de manera especial los aromas de los buenos vinos, de los buenos puros, los sabores de las buenas cocinas, las grandes composiciones musicales, las vanguardias en el arte, las caricias de las buenas amantes... Olfato, vista, oído, gusto, tacto. Todo ello si puede pagarse.
Soy una mujer de 49 años cuyos cinco sentidos tienen exactamente la misma vitalidad que cuando tenía veinte, pero están más educados. Y, por cierto, tiene la misma necesidad de contemplar una obra de arte que de acariciar un cuerpo hermoso.
En cuanto a la veracidad o falsedad de estas historias que cuento, debo hacer a Cacho dos consideraciones:
1º No entiendo esto de por lo bien redactado todas estas referencias me resultan apócrifas (perdón, falsas) y poco convincentes.
Me halaga que diga que están bien redactadas, pero ¿quiere decir que para resultar ciertas y convincentes deberían estar mal redactadas? Si sólo una mala sintaxis y una deficiente ortografía dan credibilidad, algo falla. ¿O es que consideramos que una mujer que escribe medianamente bien, con interés en exponer las cosas con claridad con el fin de que no haya malentendidos (para eso está la sintaxis) , que pone atención en la ortografía... no tiene derecho a tener obsesiones, pasiones y frustraciones?
2º La historia que estoy narrando me parece demasiado corriente y habitual, pero si finalmente esta crónica de una obsesión resultara falsa, producto de la imaginación literaria, ¿cambiarían algo las apreciaciones que sobre ella puedan hacerse?
No responderé a los comentarios. No lo interpreten como una falta de consideración, sino, contrariamente, como una muestra de respeto.

No espero comentario, pero dejo el mío para que sepas que tu blog no solo está bien escrito, más importante aún está lleno de emociones y pensamientos y eso mucho más de lo que se suele encontrar por aquí...