La cabina.
Hoy he hecho algo que no sé hasta qué punto es correcto. A él sólo podía incomodarle brevemente, a mí costarme cincuenta céntimos que alimentarían mi obsesión: He utilizado una cabina telefónica.
Desde que los teléfonos fijos o móviles disponen de ese recurso que nos es tan útil a los usuarios -el identificador de llamadas- resulta que quienes queremos llamar anónimamente, como es mi caso, tenemos alguna dificultad.
Yo no quiero que en el visualizador de su teléfono aparezca mi número, pero tampoco el aborrecible "privado" que hace descolgar a la defensiva... o no descolgar.
Comprobé que las cabinas públicas reflejan un número telefónico que no las identifica como cabinas públicas. Es decir, que en el display muestran un número que podría ser perfectamente el de un particular.
He entrado a una cabina telefónica de las que hay en la calle, tan sucias, tan abandonadas desde que existen los móviles.
He marcado su número.
Mi intención ha sido, simplemente, escuchar su voz. Saber que está.
Pero una voz metálica no muy agradable de una señorita me ha dicho que el número que he marcado no existe o no está operativo.
No sólo no he escuchado su voz. Ni siquiera sé si está. Y he salido de la mugrienta cabina telefónica con mucho más dolor del que entré.
Quizás en ese momento tenía su teléfono apagado para evitar molestias, para protegerse de llamadas indeseadas...
Mi obsesión engorda por minutos.


mo24590 dijo
Una Obsesión.. entonces, ¿por qué la potencias dejando tus Impulsos libres para llamar de una cabina?
¿Y si escucharas su voz ibas a colgar como si todavía llevaras coletas del colegio?
18 Octubre 2006 | 10:12 PM