Éste debería ser el final definitivo.
Me ha enviado un correo electrónico. Sí, después de tres meses sin vernos, uno sin hablarnos ni por teléfono, sé que está vivo porque no he visto su esquela en el periódico y porque me ha mandado un e-mail.
No ocultaré que mi corazón se ha sobresaltado de alegría en un primer instante. Un brevísimo instante que se ha transformado en furia. Me lo tenía que haber imaginado... O no. Esto debía haber sido lo último que me hubiera imaginado. Incluso es posible que hubiera preferido un mensaje diciéndome que no quiere saber nada más de mí, que me dijera que estaba harto de nuestra relación. Tal vez hubiera sido mejor que siguiera alejado y en silencio.
El mensaje es uno de esos reenviados a un grupo de gente. Yo soy una más de un conjunto de ocho personas a las que, seguramente, nos tiene en una carpeta llamada "amigos", porque supongo que no habré pasado a la de "conocidos" (seríamos demasiado pocos). Ocho puede ser un número adecuado para figurar en la carpeta de "amigos". Ninguno de los otros siete nombres me suenan.
Para colmo, el mensaje es una de esas estúpidas presentaciones en power-point que algún anónimo ocioso pretende hacer pasar por algo simpático y ocurrente y que al final llegan a todos los buzones de nuestros ordenadores.
No sé si me he sentido más furiosa o humillada. Lo grave es que él lo habrá hecho sin darse cuenta del daño que ha ocasionado al pulsar el botón "enviar".
Ahora sí que tengo muy claro, por si había alguna duda, que no moveré un solo dedo para llamarle. Me tragaré mi obsesión mezclada con rencor y me aguantaré.
Como, por cierto, llevo haciendo demasiado tiempo.


Juan dijo
Para que veas que se ha acordado de tí. Yo creo que está muy ocupado y que no tiene tiempo de nada. Hay que entenderlo así. A mi me cuesta mucho también enviar correos y eso no quiere decir que no me acuerde. Besos
http://www.lacoctelera.com/lo-que-hay/post/2006/10/10/no-es-mismo...
11 Octubre 2006 | 02:22 PM