Cénit.
El momento más hermoso que viví a su lado fue la segunda o tercera vez que me llevó a su estudio para enseñarme sus bocetos y sus pinturas.
Era un piso viejo, húmedo, absurdamente pequeño y destartalado por el que pagaba un irrisorio alquiler. Había quien pensaba que lo usaba de picadero para sus devaneos amorosos a espaldas de su sempiterna antipática novia, pero la verdad es que la única mujer que amó en aquel lugar fui yo.
Nos amamos con pasión sobre una colchoneta de camping tirada en el suelo, rodeados de lienzos, botes de pintura y aguarrás, macetas macilentas, tazas de café y botellines de cerveza La Zaragozana.
Cuando desperté, confusa por los olores y por el alcohol, lo descubrí sentado sobre una silla, completamente desnudo, observándome.
Al ver que lo miraba, su sonrisa iluminó el cuchitril, y al descubrir mi vergüenza por mi madura desnudez, se acercó a mí y me amó de la manera que nunca antes ni ya jamás después volvió a amar.
Y me atrevería a decir que ni a mí ni a nadie más.


erick dijo
hola tu lectura es inmensa ante la desnudez de tu alma, es un placer encontrarme este tipo de cocteles en mi vida..
sera un placer seguir visitando la misma
erick...
www.lacoctelera.com/gigi
10 Octubre 2006 | 08:24 PM