Esperar.
49 es una buena edad. Aún se está a tiempo de dar carpetazo y empezar una nueva vida. Toda la experiencia que se ha ido acumulando cada día de todos los años anteriores sirven para afrontar con valentía el futuro, tanto en el campo laboral como en el personal o el afectivo.
Todo ello dependiendo, lógicamente, de los palos que te haya dado la vida. Sé que no todas las personas -ni muchísimo menos- pueden gozar de esas oportunidades.
A esta edad, aún nos encontramos con ganas y con ánimos de empezar cuantas veces haga falta, de abrir y cerrar puertas, de recorrer caminos sinuosos.
Sabemos que todavía estamos a tiempo de reparar errores cometidos en el pasado, de recuperar historias casi olvidadas o de afrontar otras completamente distintas y nuevas.
De lo que ya no se está a tiempo es de esperar.
Pensé que me llamaría para mi cumpleaños, que fue el lunes. Podía haber dejado un escueto mensaje en el móvil o enviado un frío correo. Nada de eso hizo.
¿Y yo? Esperar... Lo único que no debe hacerse con 49 años.

